Hoy el día ha sido bastante anodino, para qué decir una cosa por otra. Tan sólo lo salva el hecho de ver uno de los más horripilantes engendros de la repostería de nuevo diseño. Bueno, ver la verdad no lo he visto, pero sí he podido leer su anuncio en una panadería que se cruza en mi camino diario a la facultad -que, para más inri, hace un pan bastande reseco, aunque unos preñaos pasables-. En un cartelín hecho sobre la consabida bandejina de cartón con un edding azul brillante una clara caligrafía ofrecía al transeúnte casadielles y pestiños bañados en chocolate. Bien sabe la gente que yo no soy precisamente partidario de dulces, que las casadielles rara vez me apetecen y sólo tomo -o más bien tomaba- un pestiño al año (con el de los piratas); pero reconozco que semejante atentado contra el paladar me ha revuelto el estómago hasta mediada la clase de hoy.
Nos esse quasi nanos, gigantium humeris insidentes, ut possimus plura eis et remotiora videre, non utique proprii visus acumine, aut eminentia corporis, sed quia in altum subvenimur et extollimur magnitudine gigantea.
(Bernardus Carnotensis)
lunes, 15 de noviembre de 2010
O TEMPORA, O MORES (11/XI)
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A mi me recuerda a una raja de limon, o de naranja, que desde aqui no le distingo el color.
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