Día el de hoy de variados escenarios y actividades. Temprana levantada de mañana para, armado con lápiz y papel, cámara de fotos, un termo de sopa y una tortilla francesa en la tartera, encaminarnos hacia la vieja Puebla de Maliayo, que me temo que ya empezamos a conocernos mejor. Allí, cual japonés epiléptico, hacer un par de centenares de fotos a piedras y maderos para poder después trabajar con calma ante el ordenador. Con el carnet de investigador en la mano y una sonrisa en la boca acompañada de una palabra amable, los guardeses al cuidado de las iglesias rurales te dejan hacer prácticamente lo que quieras: te encienden las luces gratis, te dejan subir al coro donde ya no sube nadie, te cuentan la vida y milagros del cura y del edificio, incluso las cosas vergonzosas como dónde anidan los murciégalos en el interior. Y es que los probes parecen estar muy solos, y que venga de vez en cuando un colgao dispuesto a pasar más de diez minutos con ellos les parece cosa de otra época. Y además, aunque amenazaba lluvia al salir de Oviedo y conducir hasta allí, una vez en Villaviciosa un cielo espléndido que permite ver los verdísimos paisajes, con almiares y canto de gallu incluido. Un buen lugar para pasar la mañana de un sábado, e incluso más tiempo.
Y a la vuelta, en Oviedo un cumpl-wii-años de un amigo. Merienda (deliciosas palmeritas, mmm) y desternillante velada de Wii. Y es que claro, cuando tienes cuatro mandos y somos varios tíos dispuestos a hacer el chorra, la cosa se vuelve bastante divertida.
Como aún no es mañana, no ha lugar la felicitación, pero pronto será...