Cuentan las lenguas antiguas que en el año 400 el griego Jenofonte estaba con sus compañeros soldados mezclado en el monumental lío de los persas que más tarde escribiría en su Anábasis, y que en un momento dado se le ocurrió animar a sus colegas dándoles una chapa de una hora al más puro estilo Gladiator. Tras semejantes ganas de hablar, cuando por fin se calló, uno de los soldados estornudó, y creyéndolo un prodigioso mensaje de los dioses (las fuentes no aclaran del todo si lo prodigioso fue el estornudo o que Jenofonte al fin callase), nombraron al orador su general y se aprestaron a la batalla.

En fin, probe. Esperemos que se recupere y deje tan mal vicio. Por si acaso, "Jesús", "Salud" o un más internacional "Gesundheit".
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