Más raro aún el día de hoy, con sentimientos encontrados por doquier. Si fríamente pensamos lo que hemos estado haciendo todo el día puede que se nos escape alguna que otra lágrima, pero el hacerlo en semejante compañía, con tal cantidad de calor humano y buen humor, hace que esas lágrimas sean fácilmente de risa (aunque con ello se rompan sillas).
Hoy es un tanto absurdo que escrba entrada, porque la inmensa mayoría de los lectores saben de que va, porque hemos estado durante todo el día el clan casi al completo (faltaban los americanos, el charnego, el noruego y los escurialenses, en todo momento en nuestros recuerdos) en la casa que ya no es nuestra almacenando recuerdos en cajas. Y son tantos y tan buenos y tan grandes que hemos acabado con las cajas en apenas un momento. Divididos en el comando de ebanistería, el equipo triturillas y la pareja libresca hemos pasado el domingo entre risas, llanto, memoria, libros, accionistas, clavos y mucho, mucho papel.
Y, por supuesto, como el obrero merece su salario, también en la mesa; primero a la española y luego a la yanqui... por variar, más que nada.


